“Cada familia es siempre una luz, por más
débil que sea,
en medio de la oscuridad del mundo”
Papa Francisco en la Vigilia de Oración por el Sínodo.
Las familias de Granada se reunieron el pasado
sábado 10 de octubre en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima de la Lancha
del Genil, convocadas por la Pastoral Familiar de Granada para rezar el Rosario
por el Sínodo de la Familia. A veces nos pueden desanimar los números y
pensamos ¡qué pocos estamos!, pero cuando no nos fijamos en lo que nosotros
podemos hacer, sino que lo que nos mueve es la confianza en lo que “Dios puede
hacer”, los números no importan, pues tenemos al que todo lo puede en medio
nuestro.
En un emotivo acto preparado por Hogares Nuevos
Obra de Cristo, que comenzó a las cinco y media de la tarde con la preparación
de los más pequeños y jóvenes de las escenas que durante el rezo del Rosario
irían ilustrando cada misterio, que comenzamos a rezar a las seis y media.

Viendo cómo se movían las familias en el altar, con que delicadeza desde los
más pequeños a los mayores hacían los relatos
de cada misterio, veías la santidad evangélica que mueve nuestras
familias; era sentir como se transmite la fe en familia de manera natural y
ordinaria, como se educa con la sencillez de lo cotidiano de forma que podamos
ir descubriendo el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros. Era ver palpable
lo que decía el Papa Francisco en la
Vigilia de Oración en la plaza de San Pedro el sábado 3 de noviembre, cuando
afirmaba que “la familia es lugar de
gratuidad, de presencia discreta, fraterna y solidaria, que nos enseña a salir
de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados”.
La Eucaristía fue presidida por D. Jose Antonio
Puertas que durante su homilía llamó la atención la necesidad que tenemos de
ser misericordiosos ante las heridas de tantas familias con las que entramos en contacto y como nuestra actitud
ante ellos nunca puede ser la de condenar, sino lo de posibilitar el que a
través de nuestra cercanía y acompañamiento, puedan encontrarse con Dios, Padre
de la Misericordia, que sale a su encuentro
y los acompaña en sus penalidades y contradicciones.

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