HOMILÍA
DEL SANTO PADRE FRANCISCO EN LA MISA CONCLUSIVA.
Plaza de
San Pedro. Domingo 27 de octubre de 2013
Las lecturas de este domingo nos invitan a meditar
sobre algunas características fundamentales de la familia cristiana.
1. La primera: La familia que ora. El
texto del Evangelio pone en evidencia dos modos de orar, uno falso – el del
fariseo – y el otro auténtico – el del publicano. El fariseo encarna una
actitud que no manifiesta la acción de gracias a Dios por sus beneficios y su
misericordia, sino más bien la satisfacción de sí. El fariseo se siente justo,
se siente en orden, se pavonea de esto y juzga a los demás desde lo alto de su
pedestal. El publicano, por el contrario, no utiliza muchas palabras. Su
oración es humilde, sobria, imbuida por la conciencia de su propia indignidad,
de su propia miseria: este hombre en verdad se reconoce necesitado del perdón
de Dios, de la misericordia de Dios.
La del publicano es la oración del pobre, es la
oración que agrada a Dios que, como dice la primera Lectura, «sube hasta las
nubes» (Si 35,16), mientras que la del fariseo está marcada por el
peso de la vanidad.

2. La segunda Lectura nos sugiere otro aspecto: la
familia conserva la fe. El apóstol Pablo, al final de su vida, hace un
balance fundamental, y dice: «He conservado la fe» (2 Tm 4,7) ¿Cómo
la conservó? No en una caja fuerte. No la escondió bajo tierra, como aquel
siervo un poco perezoso. San Pablo compara su vida con una batalla y con una
carrera. Ha conservado la fe porque no se ha limitado a defenderla, sino que la
ha anunciado, irradiado, la ha llevado lejos. Se ha opuesto decididamente a
quienes querían conservar, «embalsamar» el mensaje de Cristo dentro de los
confines de Palestina. Por esto ha hecho opciones valientes, ha ido a
territorios hostiles, he aceptado el reto de los alejados, de culturas
diversas, ha hablado francamente, sin miedo. San Pablo ha conservado la fe
porque, así como la había recibido, la ha dado, yendo a las periferias, sin
atrincherarse en actitudes defensivas.

3. Y un último aspecto encontramos de la Palabra de
Dios: la familia que vive la alegría. En el Salmo responsorial
se encuentra esta expresión: «Los humildes lo escuchen y se alegren» (33,3).
Todo este Salmo es un himno al Señor, fuente de alegría y de paz. Y ¿cuál es el
motivo de esta alegría? Es éste: El Señor está cerca, escucha el grito de los
humildes y los libra del mal. Lo escribía también San Pablo: «Alegraos siempre…
el Señor está cerca» (Flp 4,4-5). Me gustaría hacer una pregunta
hoy. Pero que cada uno la lleve en el corazón a su casa, eh! Como una tarea a
realizar. Y responda solo: ¿Hay alegría en tu casa? ¿Hay alegría en tu familia?
Den ustedes la respuesta.

Queridas familias, vivan siempre con fe y simplicidad,
como la Sagrada Familia de Nazaret. ¡La alegría y la paz del Señor esté siempre
con ustedes!.
ENTRADAS
RELACIONADAS:
- El santo padre encuentra alos participantes de la Asamblea Plenaria del Consejo Pontificio para laFamilia. 25 de octubre de 2013.
- Las familias festejan sujornada junto al Santo Padre: Testimonios. 26 de octubre de 2013
- Discurso del Papa Francisco en la Vigilia de laJornada Mundial de la Familia con motivo del Año de la Fe: 26 de octubre de2013.
No hay comentarios:
Publicar un comentario