AÑO JUBILAR DEL CENTENARIO
DE LA CORONACIÓN CANÓNICA
DE LA STMA. VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS
PATRONA DE GRANADA Y SU ARCHIDIÓCESIS
2012 - 2013.

"La iglesia parroquial de Nuestra Señora de las Angustias, basílica menor desde el año 1922, presenta una clásica planta de cruz latina, cuyos brazos (nave central y crucero) se unen ante el presbiterio. La progenie barroca del proyecto explica la profusa ornamentación interior que no deja espacio alguno sin decorar (horror vacui). Sus elevadas bóvedas de cañón refuerzan el sentido de elevación y diafanidad, quebrada a los pies de la iglesia por el coro, construido ya a principios del siglo XX, que alberga el órgano para el acompañamiento musical de los oficios litúrgicos.


En lugares destacados, en ambos brazos del crucero, mirando hacia los fieles, dos magníficos retablos barrocos dorados ofrecen a la veneración las imágenes San José con el Niño (atribuida a Agustín de Vera) y de Jesús Nazareno (obra de Pablo de Rojas), que en otro tiempo acompañaba la procesión penitencial de la Virgen de las Angustias. De Belén hasta el Calvario, subrayan dos momentos, principio y fin, de la vida terrenal de Jesús. Fueron imágenes de especial devoción desde el siglo XVIII.

Precisamente la Pasión conforma el tercer nivel, más elevado, de la ornamentación de la nave y el crucero. Casi una decena de cuadros rectangulares pintados al óleo, obra de autores como Juan Leandro de la Fuente, Miguel Jerónimo de Cieza y Ambrosio Martínez de Bustos, con marcos barrocos de Duque Cornejo, imparten la catequesis de la Pasión, que funde las tradiciones populares de los Dolores y de las Angustias de María, de manera que en el testero de la izquierda se concentran, como una sucesión de episodios con fuerza expresiva, distintos momentos del sufrimiento de Cristo en la cruz. Precisamente este ciclo de la Pasión, el más relevante del cuerpo de la Iglesia se completa con sendas pinturas ovaladas sobre los citados retablos del crucero: la Oración en Getsemaní y el Entierro de Cristo, como principio y fin del ciclo pasionista.
A este ciclo se une, coronándolo, la representación escultórica de la Patrona de Granada. Reservada en su camarín, costumbre dieciochesca extendida entre imágenes de gran devoción, Nuestra Señora de las Angustias se asoma al templo por el impresionante “ventanal de jaspes” de su retablo, sobre diseño de Marcos Fernández Raya y José de Bada. Si hasta llegar a este lugar domina la pintura, la madera y el yeso, la importancia de la imagen merece una excelente conjunción de mármoles polícromos. Por un lado, como Madre oferente, presenta el cuerpo muerto de Jesús en su regazo completando el mencionado ciclo de la Pasión. Por otro lado, como imagen individualizada de indudable efecto devocional, su retablo resume, de forma discreta para no restar importancia a la representación de María, algunas circunstancias de su origen en Granada, como son las figuras marmóreas de las mártires Úrsula y Susana, titulares de la ermita donde comenzó el culto a la Piedad o Angustias de María, así como los santos S. Lorenzo y S. Nicolás de Bari, relativos a la protección regia de Felipe II y a la dimensión diocesana del templo.


A ambos lados del altar mayor se disponen las dependencias de la hermandad (destacando la sala de reuniones o capitular) y de la parroquia (en especial la sacristía, con aires de capilla, presidida por el extraordinario Crucificado de Pablo de Rojas, que fue también titular de las Angustias). En el lado opuesto, el extremo del crucero da paso a la capilla del sagrario, un ámbito apacible para la adoración del Santísimo Sacramento.
La imagen de Nuestra Señora de las Angustias es el principal foco de atracción del templo, entendido como lugar de peregrinación. Su iconografía es compleja, pues la inspiración de una primitiva tabla dejada en su antigua ermita por Isabel la Católica y la superposición y encaje de diversos elementos escultóricos ha derivado en una representación muy singular de la Piedad.

El tránsito de la veneración de un cuadro a la de una representación escultórica se esconde aún en el misterio, reforzado por la tradición de la prodigiosa aparición de la imagen, traída por personajes sobrenaturales y llamada a ser el “amparo” de la ciudad. Estilísticamente lo más aceptado es su vinculación con el arte de Gaspar Becerra, el imaginero español que mejor representó a María Dolorosa en las décadas centrales del siglo XVI.
La composición de la imagen es el fruto de un largo proceso histórico-artístico, iniciado con la representación de María arrodillada al pie del calvario, a la que se antepone el cuerpo muerto de Jesús sobre una mesa, para acabar configurando un conjunto único de Cristo amorosamente sostenido por una Virgen que lo ofrece a Dios y al pueblo cristiano, desde su condición de madre del Salvador, perfecta discípula y corredentora del género humano. Este profundo simbolismo acentúa su carácter mediador, que gana consistencia con la devoción del pueblo de Granada y los testimonios de su continuo amparo a lo largo de casi quinientos años de veneración.

Las joyas que ornan su pecherín son un extraordinario testimonio de una veneración aquilatada durante siglos. Una veneración, que se manifiesta a diario con la visita de los granadinos a su templo, depositando ante la Madre de las Angustias sus oraciones, inquietudes y peticiones. Un amor, desbordado cada mes de septiembre con profusión de cultos, ofrenda floral el día de su festividad litúrgica (15 de septiembre) y la multitudinaria y emotiva procesión patronal por las calles de Granada el último domingo de septiembre".
Miguel Luis López-Guadalupe Muñoz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario