Texto
completo de la catequesis del miércoles. El Santo Padre explica el don de la
Ciencia, que nos permite ver el reflejo de Dios en la creación
El santo padre Francisco en la audiencia de
este miércoles ante unas 50 mil personas que estaban en la Plaza de San Pedro,
prosiguió con su catequesis sobre los dones del Espíritu Santo. Y explicó el
don de la Ciencia
Queridos hermanos y
hermanas, ¡buenos días!
Hoy querría destacar
otro don del Espíritu Santo, el don de la ciencia. Cuando se habla de ciencia
el pensamiento va inmediatamente a la capacidad del hombre de conocer cada vez
mejor la realidad que lo rodea y de descubrir las leyes que regulan la
naturaleza y el universo. La ciencia que viene del Espíritu Santo, entretanto,
no se limita al conocimiento humano, es un don especial que nos lleva a
entender a través de lo creado, la grandeza y el amor de Dios y su relación
profunda con cada criatura.
Cuando nuestros ojos
son iluminados por el Espíritu se abren a la contemplación de Dios, en la
belleza de la naturaleza y en la grandiosidad del cosmos, y nos llevan a
descubrir como cada cosa nos habla de Él, cada cosa nos habla de su amor. Todo
esto suscita en nosotros un gran estupor y un profundo sentido de gratitud.
Es la sensación que
probamos también cuando admiramos una obra de arte o cualquier maravilla que
sea fruto del ingenio y de la creatividad del hombre: delante de todo esto, el
Espíritu nos lleva a alabar al Señor desde la profundidad de nuestro corazón y
a reconocer, en todo lo que tenemos y somos, un don inestimable de Dios y un
signo de su infinito amor por nosotros.
En el primer capítulo
de la Génesis, justamente al inicio de toda la Biblia, se pone en evidencia que
Dios se complace de su creación, subrayando repetidamente la belleza y la
bondad de cada cosa. Al término de cada día, está escrito: “Dios vio que era
una cosa buena”. Pero si Dios vio que la creación era una cosa buena y una cosa
bella, también nosotros debemos tener esta actitud, que nos permite ver que la
creación es una cosa buena y bella, con el don de la Ciencia, al ver esta
belleza alabamos a Dios, y le agradecemos a Dios de habernos dado tanta belleza
a nosotros. Este es el camino.
Y cuando Dios concluyó
de crear el hombre, no dijo 'vio que era cosa buena', pero que era 'muy buena',
nos acerca a Él. Y a los ojos de Dios nosotros somos la cosa más bella, más
grande, mejor de la creación.
Pero padre, los
ángeles... No, los ángeles están debajo de nosotros, nosotros somos más de los
ángeles y lo hemos escuchado en el libro de los salmos. Nos quiere mucho el
Señor y debemos agradecerle por ésto.
El don de la ciencia
nos pone en profunda sintonía con el Creador y nos permite participar en la
limpidez de su mirada y de su juicio. Y es en esta perspectiva que logramos a ver
en el hombre y en la mujer, la cumbre de la creación, como cumplimiento de un
plan de amor, que está impreso en cada uno de nosotros y que nos permite
reconocernos como hermanos y hermanas.
Todo esto es motivo de
serenidad y de paz, y vuelve al cristiano un testigo alegre de Dios, siguiendo
la estela de San Francisco de Asís y de tantos santos que supieron alabar y
cantar Su amor a través de la contemplación de la creación. Al mismo tiempo, el
don de la ciencia nos ayuda a no caer en algunas actitudes excesivas o
equivocadas.
El primero es el riesgo
de creernos patrones de la creación. La creación no es una propiedad de la que
que podemos abusar a nuestro gusto. Ni siquiera una propiedad de algunos pocos:
la creación es un don, y un don maravilloso que Dios nos ha dado, para que lo
cuidemos y usemos para el beneficio de todos, siempre con gran respeto y
gratitud.
La segunda actitud
equivocada está representada por la tentación de detenernos delante de las
criaturas como si éstas pudieran ofrecernos respuesta a todas nuestras
expectativas. El Espíritu Santo con el don de la Ciencia nos ayuda a no
caer en esto.
Querría retornar un
poco sobre el primer camino equivocado. Custodiar la creación y no apropiarse
de la creación. Tenemos que cuidar la creación, es un don que Dios nos ha dado,
es el regalo que Dios nos ha hecho.
Nosotros somos
custodios de la creación, pero cuando nosotros no cuidamos la creación
destruimos este signo del amor de Dios. Destruir la creación es decirle a Dios:
esto no me gusta, no es bueno. ¿Y qué te gusta entonces a tí? 'Yo mismo'. ¡Eh
aquí el pecado!, han visto.
Custodiar la creación
es cuidar el don de Dios y también es decirle a Dios: ¡gracias yo soy el patrón
de la creación, pero para cuidarlo no destruiré nunca este don tuyo. Es esta
nuestra actitud delante de la creación, porque si nosotros destruimos la
creación, la creación nos destruirá. ¡No nos olvidemos de esto!
Una vez estaba en el
campo y escuché un pensamiento de una persona simple, a la que le gustaban
mucho las flores. Y él cuidaba estas flores y me dijo, debemos custodiar estas
cosas que Él nos ha dado. Cuidarlo bien, no explotar, custodiar. Y me dijo,
Dios siempre perdona, y esto es verdad, Dios perdona siempre. Nosotros personas
humanas, hombres y mujeres a veces perdonamos, otras veces no. Pero la creación
si no la custodiamos ella nos destruirá. Esto debe hacernos pensar, y hacernos
pedir al Espíritu Santo el don de la Ciencia para entender bien que la creación
es el regalo más lindo de Dios, del cual Él dijo: 'esto es bueno, esto es
bueno, esto es bueno', y este es el regalo para la cosa mejor que he creado,
que es la persona humana. Gracias.
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